Formación, un camino de dos.

Pupitre Libro A&IHace unos años cuando decidimos dar el paso para introducirnos en el campo de la formación, definimos unas pautas que debían ser nuestra guía de camino y visión de lo que debíamos aportar como docentes, que hoy día aún se nos antojan vigentes.

Entendiendo la formación como un acto de compromiso y responsabilidad entre docente y alumno nos aventuramos a analizar los principales factores que intervienen.

¿Cómo decidimos qué formación elegir?

Si entendemos la seriedad del hecho formativo como un todo que influirá en mi futuro, tanto en mi parte profesional como en la humana, veremos que no debemos elegir tan sólo que estudios seguir si no, dónde los voy a tomar y quién será mi docente, tan importante lo uno como lo otro, por eso debemos sopesar y decidir en conciencia, para ello propongo:

Planificación: Es el punto de partida para no decidir sobre nuestra formación sin tener claro lo que queremos. En este punto ya empieza a intervenir el docente pues debe analizar, conjuntamente con el alumno, las expectativas, necesidades a cubrir, realidad futura, etc. “La Formación comienza antes de mis estudios”.

Objetivos: Que fijaremos de forma clara, ambiciosa y a la vez realista, acotado en el tiempo, y medible para controlar los resultados, con una base constructiva y ecológica (entiéndase en este punto que no deteriore mi entorno).

Este Objetivo principal irá acompañado de un plan B o Plan de Contingencias, preferiblemente relacionado con el anterior para que cualquier acción formativa que realicemos aporte valor a las otras y no presentemos un currículum disperso sin transmitir una profesión concreta.

Estudiar la oferta formativa y Seleccionar bajo criterios de Eficiencia en coste y tiempo, de Calidad de docentes y contenidos así como en Utilidad, Ética y Escalabilidad o posibilidad de ampliarla y mejorarla a futuros.

Continuidad de la relación entre alumno y docente, generando un vínculo como ya se hacía en la antigua Grecia en la que el maestro era tutor de su pupilo a lo largo de su vida y evolucionaba con él, esto nos da la máxima “La Formación no acaba al recibir el diploma”.

Flexibilidad, como último punto, pero no menos importante, al alumno debe poder diseñar su propia carrera formativa contando con el consejo de docentes especializados y expertos en Recursos Humanos para elegir cursos complementarios que aporten valor a su currículum formativo.

Seguir estos paso, al menos, nos servirá para que el esfuerzo que debemos imprimir en nuestra formación no se vea minorado al presentar un currículum plagado de cursos de baja calidad e inconexos que hacen perder el foco principal buscado a la vez que nos permiten corregir nuestra trayectoria en caso de tener que hacer uso del Plan de Contingencias.

Todo lo dicho se encuentra recogido en la simple fórmula del Valor ya conocida:

Valor = (Conocimientos + Habilidades) x Actitud

O lo que es lo mismo, el valor de la carrera formativa del alumno vendrá potenciada por los conocimientos que adquiera acompañado de su docente, sumados a las habilidades propias para desarrollarlos, así como las que haya desarrollado junto con la ayuda del docente, todo ello multiplicado por la actitud para ponerlos en práctica, de forma proactiva, que demuestra su interés por alcanzar el objetivo fijado de forma eficiente y con el esfuerzo.

Dado que la formación es un camino de dos, si esa actitud es a su vez la suma de la actitud del alumno más la del docente mediante un esfuerzo mutuo, profesional y duradero, obtendremos un valor perdurable en el tiempo a la vez que diferenciador para el alumno y el propio docente.

Con todo lo dicho la implicación de ambas pates, alumno y docente se hacen palpables y necesarias, así, el asesoramiento o consejo del docente lo lleva a ser un verdadero tutor alejándolo de las actuales modas de profesor-cajero que imparte y cobra un curso sin considerar los objetivos del formado y su carrera profesional.

Posiblemente este sea el error base de nuestra formación continua, profesional, etc., que lleva al desánimo del alumno y al fracaso formativo que nos abraza día a día.

Debemos reinventar la formación mediante la generación de un vínculo entre docente-alumno que sobrepase el tiempo del curso o la materia impartida o lo que es lo mismo, mezclemos formación-consultoría-coaching-mentoring para volver a, como ya hemos mencionado, la figura del maestro griego que vivía la formación de su pupilo como objetivo de su propio desarrollo (del maestro), alcanzando con ello su satisfacción, no sólo por ver aprobar a un alumno un curso de unas horas de duración, si no por participar de sus éxitos cuando ponga en práctica lo aprendido pues habrá estado disponible para cuando el alumno lo haya requerido durante el desempeño de las habilidades adquiridas.

En definitiva, todo está inventado, sólo requiere de responsabilidad, esfuerzo, compromiso y confianza, lo que se resume en profesionalidad.

¿Un ejemplo? ¿Quién no recurre a sus padres, aunque ya sean abuelos, para pedirle un consejo sobre algún aspecto determinante en su vida? ¿Por qué no puede recurrir el alumno a su docente en la misma medida? ¿Y viceversa, porqué no contactar el docente con su alumno para  contrastar resultados y así mejorar en su actividad académica?

El mundo está cambiando y la formación debe hacerlo en la misma medida. Como dice nuestro lema, debemos ser Profesionales que Forman Profesionales.

Espero os haya resultado útil, saludos.

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